Cuando era más joven, me fascinaban las adivinanzas como aquella de la esfinge: "Solo tiene una voz y anda con cuatro pies por la mañana, con dos pies al mediodía y con tres pies por la noche", Como todos sabéis se refería al proceso de envejecimiento del hombre. Cada día siento más dolor, más tristeza. No entiendo por qué tras una vida plena, te vas transformando poco a poco, a veces, demasiado deprisa, en una persona incapaz de cuidarse así misma, depender de los demás y bajar la cabeza hacia el suelo, como si fuera buscando el último refugio.

Me gustaría encontrar palabras para expresar mi pena, me gustaría que las lágrimas no fueran de rabia, de impotencia ante el continuo desgaste de la persona que me sostuvo cuando era pequeña, me alivio cuando lloraba por sentirme sola, me despertó para estudiar y celebro mis éxitos.
Es probable que haya señores y señoras mayores que lo llevan estupendamente, como aquella mujer de 107 años, que salió en la televisión, y se dedicaba a trabajar en una ONG, pero me parece entender que son excepciones. La realidad es que cuando empiezas a caminar con tres piernas, hablas con tus familiares fallecidos, llamas a tus hijas mamá, es cuando la vida se cobra todas las deudas, planificando tu camino al infinito.