Las noches suelen ser muy largas, doy muchas vueltas y en ciertos momentos, se me ocurren historias, como dicen ahora, microrrelatos. La mayoría se pierden entre mis neuronas, pero esta que te dejo, se ha quedado y la quiero compartir contigo. Lo malo es que no le encuentro nombre, así que solo la llamaré "Metáfora número uno". Si se te ocurre un título mejor, házmelo llegar, por favor:

En el
paseo marítimo, justo en el acceso a la playa, brillan un par de zapatos. Son
de tacón de aguja forrados de seda blanca, sobre la que destacan diminutas flores,
hechas con menudas lentejuelas de un blanco roto.
Un
rastro pulido se ve sobre la arena. Oculta las huellas de unos pies descalzos.
Las borra el avanzar de una larga cola, que adorna un elegante vestido de corte
sirena, tan blanco que resplandece en la noche, al incidir sobre él los rayos
de la Luna llena.
Unos pies,
de perfecta pedicura, enfundados en unas medias de cristal, se mueven sin
importar que los granos de sílice abran carreras que recorren sus cansadas
piernas.
Las
uñas lacadas en un suave rosa centellean con la caricia de la luz del Satélite.
Tiran, sin piedad, de la gargantilla de perlas naturales que la apresan como al
perro su collar. Las perlas saltan en todas direcciones, tan solo queda un hilo
de oro en su dedo índice.
El
maquillaje se corre por su maduro rostro, como si alguien hubiese usado una
borla de desmaquillar con verdadero hastío, dejando rastros de múltiples
colores, donde el negro de la máscara de pestañas marca el rumbo a ninguna
parte.
Mueve la cabeza, la agita con cierta violencia, hasta que consigue que las horquillas vuelen de su moño, dejando su pelo libre, flotando sobre sus hombros, acunado por la brisa.
Camina
cada vez más deprisa, ampliando la zancada, hasta que las costuras del vestido
revientan. Se aproxima a la estela que la Luna ha construido en el tranquilo
mar, agitado levemente por alguna ola.
Inicia
su recorrido por el camino espejado, sintiendo la frescura del agua en su piel.
Percibe la llamada de Selene, que la atrae y le da refugio en un dulce abrazo.
Hola, me gusta el fin del relato, le podrías poner el titulo de "El refugio dulce"
ResponderEliminarSaludos