lunes, 7 de diciembre de 2020

Metáfora número uno

Las noches suelen ser muy largas, doy muchas vueltas y en ciertos momentos, se me ocurren historias, como dicen ahora, microrrelatos. La  mayoría se pierden entre mis neuronas, pero esta que te dejo, se ha quedado y la quiero compartir contigo. Lo malo es que no le encuentro nombre, así que solo la llamaré "Metáfora número uno". Si se te ocurre un título mejor, házmelo llegar, por favor:


"Metáfora número uno"

    En el paseo marítimo, justo en el acceso a la playa, brillan un par de zapatos. Son de tacón de aguja forrados de seda blanca, sobre la que destacan diminutas flores, hechas con menudas lentejuelas de un blanco roto.

Un rastro pulido se ve sobre la arena. Oculta las huellas de unos pies descalzos. Las borra el avanzar de una larga cola, que adorna un elegante vestido de corte sirena, tan blanco que resplandece en la noche, al incidir sobre él los rayos de la Luna llena.

Unos pies, de perfecta pedicura, enfundados en unas medias de cristal, se mueven sin importar que los granos de sílice abran carreras que recorren sus cansadas piernas.

Las uñas lacadas en un suave rosa centellean con la caricia de la luz del Satélite. Tiran, sin piedad, de la gargantilla de perlas naturales que la apresan como al perro su collar. Las perlas saltan en todas direcciones, tan solo queda un hilo de oro en su dedo índice.

El maquillaje se corre por su maduro rostro, como si alguien hubiese usado una borla de desmaquillar con verdadero hastío, dejando rastros de múltiples colores, donde el negro de la máscara de pestañas marca el rumbo a ninguna parte.

Mueve la cabeza, la agita con cierta violencia, hasta que consigue que las horquillas vuelen de su moño, dejando su pelo libre, flotando sobre sus hombros, acunado por la brisa.

Camina cada vez más deprisa, ampliando la zancada, hasta que las costuras del vestido revientan. Se aproxima a la estela que la Luna ha construido en el tranquilo mar, agitado levemente por alguna ola.

Inicia su recorrido por el camino espejado, sintiendo la frescura del agua en su piel. Percibe la llamada de Selene, que la atrae y le da refugio en un dulce abrazo.

1 comentario:

  1. Hola, me gusta el fin del relato, le podrías poner el titulo de "El refugio dulce"

    Saludos

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