viernes, 30 de abril de 2021

"Lluvia, agua, lluvia". Capítulo IX


No puedo dejar de comentar mi preocupación por el desarrollo de la pandemia, ya  lleva con nosotros más de un año. La solución dicen que está en la vacuna, pero la gestión de los  políticos no parece estar a la altura de las necesidades. 
Me conmueve en el alma, que La India, siendo uno de los mayores procuctores de vacunas, permitan que su población esté sufriendo este mal, sin apenas medios. Escuché en la radio que les faltaba oxigeno, respiradores, que se hacen piras funerarias enormes. ¿ Qué es lo que está impidiendo que este virus siga siendo el ganador de esta batalla?¿Dónde están  las acciones de los gobernantes?




Este capítulo cambia de ubicación, puede o no ser Madrid, así que lo acompaño con una foto de la fuente de Cibeles de mi ciudad.
Como el fin de semana pasado, me tengo que ausentar por causa  de esas labores domésticas, que no me gustan mucho, aunque son muy necesarias.

CAPÌTULO  IX

Le entrega los documentos para firmar, la mira, nota su aroma a perfume caro, ese que no se puede permitir. El se lo ha regalado porque le gusta infravalorarla.

Esta mañana no trae vaqueros. Lleva una falda corta, con unas medias color café. ¡Cómo realzan sus pantorrillas!

Acerca su nariz al pelo de la mujer y nota una excitación creciente.

-       ¿Por qué no me contestaste al email?

-       Ya sabes que no siempre puedo. Me debo a mi madre y a mi hijo. Me gustaría mucho volver atrás y suplicarte que te quedes conmigo, pero ya no puede ser.

-       Creo que no llegaré a entender tu confusión.

-       No es confusión. Es deseo de tener un hogar, una casa, unos hijos comunes. No haces más que presumir de tus hijas. Se me parte el alma porque no son mías.

-       Podrías ser su hermana, nunca su madre.

-       No te esfuerces, sé que ellas lo son todo. No te quedaste conmigo porque no podías consentir que desaparecieran de tu vida.

-       ¿Qué sujetador llevas?

-       Uno deportivo, los de encaje, los he regalado. Nunca más volveré a usarlos.

-       Te quedaba muy bien aquel tan fino el de gasa transparente, bordado con florecillas violetas.

-       ¿Vas a firmar los informes?

 

Saca un bolígrafo Crows, del bolsillo interno de la americana. Garabatea y le devuelve el papel, de tal manera que la obliga a pasar su cuerpo por encima del suyo.

-       Vuelve conmigo.

-       ¿Nos casamos?

-       Joder, no seas así. Sabes que mi hija pequeña está a punto de hacerme abuelo y no puedo dejar a mi familia.

-       Bien.

 

Desaparece del despacho llevándose la firma y un nuevo tiro en el alma.

No sabe por qué puede amar a ese hombre.  ¿Es por qué no quiere quedarse sola? Lo único cierto es lo que siente cuando él la mira, pero no quiere aguardarle en el dormitorio,  para luego esperar todo el fin de semana , mientras él ejerce de hijo, de marido , de padre y pronto de abuelo.

Es mentira, no lleva el sujetador deportivo, lleva el de encaje azul, aquel que se compró para su primera cita con él.  El día en el que se vieron en la cafetería del hotel, en la que sus miradas no dejaban de acariciar y el deseo explotó como una carga de dinamita sin control

Subieron a una de las habitaciones. No podrá olvidar nunca aquella vez. La primera que su cuerpo se había comportado salvaje, sin moral. Persiguiendo una porción de vida que desencadenó  un triple orgasmo y la necesidad de limpiar con su lengua el semen que corría por la polla bífida de su jefe.

Tiró los papeles sobre la mesa y una lágrima se escapó, traicionera. No era una puta pero él la hizo sentir así.




 

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