lunes, 3 de mayo de 2021

"Lluvia,agua,lluvia"Capítulo X


 

CAPITULO X

Don Fermín seguía sentado en la misma mesa de siempre, tomaba un café con porras, mientras observaba a los parroquianos que entraban en el bar. Siempre estaba escandalizado. La vida actual le aterraba. Todo estaba fuera de su sitio, ni siquiera Dios tenía poder para amedrentar a estas ovejas.

Debía tener 15 años cuando se fue al internado de los Salesianos y terminó en el seminario pocos años después. Era maravilloso todo estaba bien, una cosa para cada sitio y un sitio para cada cosa. No importaba mucho si era o no justo, pero todos sabíamos lo que teníamos que hacer. Ahora, todo es discutible, todo está impregnado de una herejía continúa,  hasta el propio Papa no se muere y pasa las sandalias del Pescador a un franciscano con voto de pobreza, ¡inexcusable!

-       ¿Qué, don Fermín? De vuelta del Oficio.

-       Parece como si le hubiese pasado una excavadora por encima, inspector.

-       Casi. Me enfrento a un grave problema y no tengo ni idea. No me mandan a nadie, los informes del laboratorio son terriblemente lentos y no tengo ninguna pista sobre el caso.

-       Lo entiendo, he oído decir que ha sido algo monstruoso.

-       Muy cierto. No le puedo dar detalles porque está bajo secreto de sumario, pero nunca me había encontrado en una encrucijada así.

-       ¿Sólo es el trabajo? Parece como si hubieses desayunado whisky con café.

-       Es el trabajo, es la maldad de la gente, es una cama sin hacer con las sábanas húmedas,…

-       Vamos, cuéntame. En Dios siempre podemos encontrar consuelo.

-       -¿Dios? Se olvidó de mí, desde el día que hice la Comunión. Nunca le he necesitado ni Él a mí. He sabido pelear cada día contra mi destino pero la maldad de estos días, me sobrepasa.

-       No blasfemes. Dios nunca te ha olvidado, te ha permitido que utilices tu libre albedrío, pero siempre está cuando lo necesitamos.

-       ¡No me diga! ¿Dónde estaba cuando mataban a esos chicos? ¿Dónde cuando ellas gritaban mientras las torturaban? ¿Dónde, cuándo me dejo Susana?

-       Una confesión te hará bien.

-       Lo que necesito es una botella de whisky

-       ¿No digas eso? Acompáñame a la Iglesia, para que puedas confesarte como  Dios manda.

 

Paco Olmos, le mira, hace una mueca, saliendo del local sin decir adiós.

 

Este cura era un hijo de puta, no veía la manera de enterarse de todo, como una arpía vieja cotilla. Quiere mi confesión para saber mis miserias. Es bastante con que las sepa yo.

Hoy Arancha se ha marchado con su marido, cenarán, bailarán y follarán. Yo, aquí, escuchando a don Fermín y haciéndome preguntas sobre algo que cada vez entiendo menos.

 ¿Por qué tarda tanto el laboratorio? ¿Por qué no hemos encontrado ni una sola pista? ¿Por qué nadie ha reclamando los cadáveres?

Todos me miran, todos creen que yo tengo la solución, pero no, ni siquiera puedo pensar con claridad.

Entró en el colmado, compró dos botellas de whisky barato. Daba igual un Chivas que “Pis de gato”, tan sólo quiero escapar, al menos un minuto.

-¡No sé nada!- gritó al aire como si este pudiera oírle.

Se sentó en la plaza, justo en el momento que volvía a llover. Lluvia, lluvia, lluvia. Este país había perdido el sol en una timba de mafiosos.

Miró la escultura de los caballos, ¡ojalá fuera una bestia como aquellas! Inconsciente de su futuro y de su presente.

Empezó a notar que el abrigo se calaba, se incorporó con pereza, recogió las botellas del suelo.

 

 

Don Fermín pensaba en el inspector. Pocas veces había visto a un hombre tan hundido. Le corroía la conciencia por no haberle acompañado, parecía tan triste. Debería haber sido más insistente. Aunque de todas formas no sabía como podría haberle ayudado. Se escapaba de sus márgenes, de su mundo perfecto en el que todo debe estar es su lugar. Los policías debían proteger, y no presentar tanta debilidad. ¿Cómo podría nadie confiar en que cumpliría con su obligación?

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