martes, 4 de mayo de 2021

"Lluvia, agua, lluvia". Capítulo XI

 

El fusilamiento del 2 de Mayo. Goya
Hoy es un día especial en la Comunidad de Madrid, como sabéis hay elecciones. Deseo que ,salga quien salga , se preocupe más de solucionar los múltiples problemas de los madrileños, que la de buscar la "basura" en el patio ajeno.


CAPÍTULO XI

Le faltaban dos camisas, ¿dónde las habría echado? No era la primera vez que venía de un viaje sin alguna prenda. Faltaba la camisa de seda, era increíble, ¿cómo puede olvidarse de una prenda tan cara?  Sobre todo porque se la había regalado por el aniversario de boda. Parecía que le había hecho mucha ilusión. Hubo una temporada que se la ponía hasta para ir a mear, y ahora se la olvida en un Parador.  A lo mejor, si llamaba, podría recuperarla.

-       Amor, ¿tienes el teléfono del Parador? Voy a preguntar si han encontrado tu camisa de seda.

-       No, no llames. He tirado la camisa.

-       ¿Por qué?

-       Se me enganchó en el pomo de la puerta y se rasgó toda la manga. Así que, para que no te disgustaras, la tiré.

-       ¿Y la azul?

-       Se la presté a un compañero porque se manchó la suya con salsa de tomate. Cuando le vea se la pido.

 

Le miró tratando de descubrir en que parte había empezado a tomarla por una ingenua o peor por una idiota. Era demasiado pero…

Sonó el teléfono. Era el marido de su hija.

-       Elena está de parto.

-       ¿ Cómo no me has llamado antes’

-       Pensamos que nos mandarían a casa, porque no tenía contracciones, pero al monitorizarla han descubierto que el bebé está sufriendo, así que han decidido provocarle el parto.

-       Ahora mismo vamos,

¿Vienes? Elena, está de parto.

 

Cogió las llaves del coche sin decir palabra.

 

-       Le han tenido que hacer una cesárea, el niño es muy grande y ella no dilataba lo suficiente.

No es posible. Soy joven, no soy un abuelo. Miraba la preocupación de su mujer y su yerno. Elena estaba en el quirófano y sólo pensaba en lo injusto que era el destino. ¡No quería, no podía, no debía, ser abuelo!

¿Cómo iba a seducirla? ¿Cómo despertaría sus instintos? ¡Viejo chocho!

Mantuvo el tipo, preocupándose por su hija. Alegrándose cuando el médico dijo que todo había ido bien. Puso cara de almíbar cuando le enseñaron el niño a través de las ventanas de neonatos.

Siempre se le había dado bien fingir. Nunca había experimentado ningún sentimiento, salvo el de la dominación por el sexo. Aquella criatura arrugada, con la nariz aplastada, era el principio de su fin.

Besó a Elena con dulzura, con intenso deseo de estrangularla, solo evidenció un ligero estremecimiento, que todos achacaron a la emoción de ser abuelo.

Hoy tenía que salir de caza, sí o si.

Con la excusa de que se había dejado la luz del baño encendida, salió del hospital. Se acercó a la calle donde algunas meretrices sonreían a los hombres y a las mujeres con su dentadura deteriorada por las drogas.

Le pagó a una y se metieron en un portal, donde no llegaban las cámaras de vigilancia. Sin mediar palabra, la arrinconó contra la pared. Le agarró del pelo y la penetró analmente con toda la fuerza que le daba el asco. Sacó el preservativo que se había confeccionado, todo adornado con trozos de cristal y púas de acero. La ensartó, mientras le tapaba la boca y la nariz. La muchacha se quedó apoyada en la pared, mientras un reguero de sangre, brotaba de su femineidad.  Entró en un gran almacén y se compró la misma ropa que llevaba. Se cambió en los aseos y con gran cuidado recogió todo.

Sabía que había sido descuidado, alguien podía haberle visto, pero dudaba que nadie se preocupara por la puta.

Mandó un email

“Querida mía, necesito tus besos, tus abrazos, No puedo vivir sin ti. La dejo y nos vamos lejos, muy lejos. Tu y yo.”

 

No sé porque la escribo, no me va contestar. Sabe perfectamente que no voy a renunciar a mi estatus pero al menos podría interesarse con mis propuestas.

No sabía que al otro lado de la línea una mujer lloraba, luchando contra sus intimaos deseos de estar con él. Su orgullo hubiese crecido tanto que no hubiese necesitado  ningún otro orgasmo.

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