lunes, 19 de abril de 2021

Presentación: "Lluvia, agua, lluvia.". Primer Capítulo.

 


Catedral de Tui. web de Turismo.


  Hola, de nuevo he tomado mis reflexiones.  Esta vez voy a comentarte algo que sabes.  Cuando iba al instituto, la profesora de Lengua, nos comentó que los andalusíes, creo recordar, decían que para ser un  HOMBRE, había que plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. En aquellos momentos traduje esa palabra como MUJER. Me lo tomé como un lema de vida, he plantado más de un árbol, aunque luego se quedaron en la maceta, desapareciendo poco a poco. He tenido un hijo, que se ha convertido en un adulto estupendo. He escrito varios cuentos, que no pasaron de mi ordenador, salvo dos, uno para niños y otro para adultos que auto-edité en Kindle flash de Amazon, y como si fuera una autora de verdad, los registré. Lo que ha sucedido con ellos, es que están pululando por la red, pero sin que nadie los lea. He decidido dejártelos leer. Al menos, mientras lo haces, les darás vida, y con ello habré conseguido un poco lo que me propuse siendo una niña.

Por cierto, uno de los personajes está basado en alguien al que conocimos cuando trabajábamos juntas. Si lo reconoces, no se lo digas a nadie, por favor.

Aquí te dejo el primer capítulo:


CAPÍTULO I

Las seis de la tarde, mes de diciembre, llueve. Una pareja de turistas vaga por las calles de Tui. Suben por las escaleras de la catedral de Santa María. Los chubasqueros resbalan el agua dejando un rastro sobre la piedra del pórtico.

Parapetado detrás de una mesa está el celador, aburrido, espera la hora de cerrar, pero ahí aparecen ellos, con cara de “marisabidillos”, dispuestos a apresar en sus cámaras una historia que no les pertenece. Los mira con cierta esperanza de que pasen de largo. Informa del precio, a ver si así los desanima, pero ni por esas. Coge el manojo de llaves y los acompaña hasta la puerta del Claustro:

 

- La luz de la torre está según se entra a la derecha, la encienden y luego al bajar, a la izquierda, está fácil de localizar. Cuando acaben la visita salen por la puerta del fondo. ¿La ven? Aquella, sí.

 

Cierra la puerta tras la pareja y se va refunfuñando, habrá crisis pero la gente sigue viniendo en el puente.

 

Él camina con decisión por el pasillo del Claustro. Se asoma a las ventanas que dan al jardín, sin dejar de tomar fotos. Ella le sigue escondiendo parte de su miedo detrás de la pequeña cámara digital.

Bajan a la capilla románica, donde la luz es tan escasa que apenas permite percibir un arco y algún capitel, quedan pocos restos. De todas maneras no es lo que más le interesa. La lluvia arrecia y el jardín parece perderse, diluido en el agua. El alto ciprés observa como salta el flash, como se abre el diafragma tratando de absorber la imagen, que la oscuridad niega.

Un soplo de aire en el cuello, la hace impacientarse, percibe que los gruesos muros le mandan mensajes de compañía en la soledad del silencio, roto por el salpicar de las gotas. Los pasos suenan apagados en el pasillo que va hacia la torre. Ella sigue notando que el vello se le eriza, pero calla porque no quiere parecer una asustada mujercita, así que le sigue mientras busca el interruptor.

Surge un rayo mortecino de la bombilla que permite vislumbrar la sombra de los escalones. El entiende que es demasiado para ella y saca una linterna montada en un llavero. Es pequeña, pero alumbra lo suficiente para agarrarse a ella con la ansiedad que produce el inconfesable compañero. Suben hasta el tejado del claustro. Más fotos nocturnas, humedad en los pantalones que recogen el reguero del chubasquero y un sentimiento encontrado entre la situación “aventurera” y el sentir que un ente invisible los guían en  la marcha.

- Cuidado en el próximo escalón. Hay un charco enorme.

Demasiado tarde, la bota se había sumergido, pero ella sonreía, deseando bajar de aquel espacio infinito recortado en el negro de su pensamiento. La fachada de la catedral se veía hermosa con la luz cálida de la bombilla, arropada con la sábana acuosa pero tan solo la pantalla digital recogía la imagen. Los ojos de la mujer estaban puestos en la construcción, pero deseaba que él terminara de ajustar la velocidad para poder descender de allí.

-He hecho dos fotos iguales y en una aparece una mancha de tono verde, ¿has visto algo?

No, no había visto nada pero la idea de que alguien o algo respiraban detrás de su cuello no le permitía girar la cabeza, así que se limitó a comentar que probablemente sería el reflejo de alguna luz al atravesar una gota de lluvia.

 

Felizmente encontraron la salida. Él impresionado de la belleza que había captado y ella relajada por la tensión que había dejado detrás de la puerta.



 

4 comentarios:

  1. Hola Kathy, que bien empieza el primer capitulo, ya estoy deseando que compartas más.
    Muchas gracias

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  2. Buenos días amiga!
    Lo del celador, me ha dejado pensativa!!
    Me parece muy interesante, todo lo que compartes...

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  3. Buenos días amiga!
    Lo del celador, me ha dejado pensativa!!
    Me parece muy interesante, todo lo que compartes...

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  4. Muchas gracias. El celador no es. Tu opinión es muy importante para mi. Espero que sigues el resto de los capítulos.

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