viernes, 7 de mayo de 2021

"Lluvia, agua, lluvia."Capítulo XIV


 

CAPÍTULO XIV

Paco Olmos, el mejor policía de su promoción. La mejor nota como investigador. No puedo descubrir ni una puta pista.

Otro trago, la botella número uno, rueda por el suelo, vacía

Mira la cartuchera que cuelga de la silla.

Saca el móvil del abrigo.

¡Arancha, no me falles!

¡Arancha, necesito tus besos!

¡Susana, ven!

No encuentra el número de Arancha, Sacude el móvil. No está  en  la A de Arancha, está en la P, de Pérez, Aranzazu.

Llamada pérdida.

El alcohol le sale por la comisura de los labios. Añade otra mancha a la camisa mojada.

-       Coge el teléfono, Arancha.

-       ¡Coge el teléfono, maldita seas!

-       ¡Zorra, coge el teléfono!

 

Llamada pérdida. “El teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura, Inténtelo más tarde”.

 

Tira el terminal contra la pared. La carcasa sale por un lado, la batería hacía el otro.

-Susana, ¿dónde estás?- Susurra, y rompe en un llanto desconsolado, un llanto de alma rota.

 

 

Arancha le quita la corbata a su marido. Han aparcado en un camino cercano al monte, entre las sombras de los árboles y la oscuridad. Echa el respaldo del asiento hacia atrás y se remanga las faldas.

Hace rato que se ha quitado la ropa interior. Se la ha acercado a la nariz, y le ha puesto la mano en la entrepierna. El pie se resbala del acelerador. Copulan como adolescentes dentro del coche. Mañana, él vuelve a la carretera.

 

 

 

 

 

Apoya la cabeza entre las manos. Todo su cuerpo se estremece en un vaivén sin fin-

Muerte, sangre, cuerdas, senos apuntados,…

Agua, lluvia, lluvia.

Huele a sudor, a borrachera, a humedad, a vomito. Colgada en la funda está su salvación.

Nunca había vuelto a disparar. Tuvieron que obligarle para que renovara el permiso de armas. Ella estaba allí. Ella no le había abandonado.

Imaginaba el frío cañón contra el bajo de su mandíbula, para que no rebotase en el hueso. Trayectoria de entrada y salida. El techo manchado con parte de su cerebro, resbalando  por la pared. ¿Le preocuparía a alguien? ¿Alguien lloraría por él?

Se veía en la camilla de la Morgue, con una etiqueta en el dedo gordo. ¿Llorarían sus hijos? ¿Lo sentiría Susana? ¿Qué diría Arancha?

Las dos botellas rodaron cuando se levantó. Puso la mano en la cartuchera. Ella no se iba. Ella permanecía. Ella nunca le había abandonado.

La sopesó en su mano izquierda, la acarició con la derecha. Las lágrimas no le dejaban ver.

Un disparo

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