Espero que lo vayas disfrutando, el relato crece porque tú lo lees.
CAPÍTULO XIII
Elena sonreía feliz, El yerno olía a sudor y a
snacks. Su mujer retocaba una y otra vez el embozo de la sábana.
Entró
la enfermera para asear a la paciente y les hizo salir a todos del cuarto.
No
merecía que le tratasen así. El era el padre, el seductor. Era Dios.
Su
mujer no dejaba de hacer planes: Nos llevaremos a los chicos a casa, para que
Elena descanse. Así podremos atender al niño, y Juan podrá ir a trabajar.
El
capullo de Juan le ofreció la bolsa de los cacahuetes, ¡el muy estúpido todavía
no sabe que soy alérgico!
-Creo
que el año que viene deberías jubilarte, así podríamos disfrutar de nuestro
nieto.
Creo,
podría, deberías,… Esta mujer está loca. No soy un anciano. No me voy a hacer cargo
de este mocoso, y mucho menos del engreído de Juan, que se cree con derecho a todo,
porque folla con mi niña.
Un
odio ancestral le tatúa en la cara una expresión que hace estremecerse a la
misma muerte
No
va a consentir que nadie le marque su camino.
Odia
el día en que le dijo que estaba embarazada. El día que el médico dijo que era
un embarazo de alto riesgo .Debía permanecer en la cama, hasta que naciera el
bebé.
Odia
el día que se lo contó a ella. Fue cuando dejó de proponerle el vivir juntos,
cuando dejó de expresar su amor. Fue cuando, entre sollozos, le dijo que no era
justo hacer desgraciada a la mujer que había sacrificado tanto para darle un
hijo
No
entendía como había sido tan torpe. Las mujeres tienen demasiada empatía con
las que son madres.
Demasiadas
equivocaciones para ser obra suya. Quiso arreglarlo pero nunca más tuvo sexo
con ella. Cierto que hubo tocamientos cibernéticos pero jamás volvió a oler su
vello púbico y a lamer sus labios vaginales.
¡No
soy un viejo!
¡No
soy ningún abuelo!
¿Abuelo?
¡Al
diablo con todo! Ese pequeño miserable tiene que desaparecer.

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