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| Ruta de los judíos. Tui |
CAPÍTULO III
Arancha está sentada ante el ordenador. Teclea con rapidez los informes
atrasados de sus compañeros. Se le ilumina la cara cuando le ve entrar. Todo él
es una arruga pero le gusta como mira, como esboza una sonrisa acampada tras el
cigarrillo, ese que siempre lleva apagado desde que se prohibiera fumar. Se acerca
a la cafetera, sirve un café muy cargado, le echa tres sobres de azúcar y se lo
deja encima de la mesa, al lado de la pila de documentos. Un gruñido de
agradecimiento.
-Hay una llamada de
- Pásaselo al jefe.
- Paco, Fernández está de puente y no vendrá hasta el jueves. No, no vendrá
hasta el lunes, se ha pedido unos días de asuntos propios. Creo que se ha ido a
Madeira con su nueva pareja.
-Seguro que le ha pillado la huelga de controladores y estará echando humo
por las orejas.
- No creo, porque cogían el vuelo el domingo y ya se había solucionado.
¡Menudos huevos que tienen! Llevamos tres días en estado de alarma por la audacia
de los controladores aéreos.
Son unos desalmados, cobran un
pastón y encima no nos dejan salir de vacaciones.
- Si tú no tienes vacaciones, ¡preciosa! Ellos se han limitado a defender
sus derechos y el convenio que tenían. Los obreros somos la leche, nos
enfadamos porque unos intentan mantener lo que tenían. Deberíamos aprender de
ellos y que nuestros sindicatos lucharan porque todos tuviéramos sus
condiciones, en lugar de envidiarles y criticarles.
- No entiendo de política, pero… ¿es mona la mujer de Fernández?
- Está buena, es un bombón. Se merece un premio, su ex le había dejado en
la ruina.
- No empecemos, ella tuvo que criar a los tres niños, mientras él no
aparecía por casa.
- Estaba trabajando.
- ¡ No me digas! Ahora resulta que sólo los tíos trabajáis.
- ¡Mira, para el carro, que ya estamos pisando arenas movedizas!
- ¿No me negarás que es más fácil quitarle los calzoncillos a un tío, que
lavárselos?
- Arancha, no me toques los cojones…
- Vale, vale, ¿te pones para hablar con el inspector de
- Eres insufrible. Pásame la línea.
Se pega el auricular a la oreja como si de esa manera pudiera atrapar las
palabras de su interlocutor. Le era muy difícil entender el gallego, pero se
resistía a reconocerlo en público.
- O me hablas más despacio o lo haces en castellano.
Curioso. Increíble. Ese lugar es muy transitado, y más en estos días de
puente.
¿Puedes mandarme toda la información por email? También las fotos. Cuando
venga Antonio de la ronda, cogeré la
patrulla y me acercaré. Mi coche está aparcado en alguna calle de Madrid, o en
algún desguace.
Le acerca el terminal a Arancha. Esta le mira, la curiosidad brilla en sus
pupilas. Sabe que en breve se lo comentará pero ahora está almacenando la
información en su cerebro, antes de contrastarla con el mensaje que le llegue
por el correo electrónico y después lo verbalizará ante su público, ósea, ella.
Teclea la contraseña, espera, espera, espera… Tarda en cargarse el
programa. Nunca le había importado esta lentitud, pero ahora… Aparece por fin,
su escritorio, vuelve a teclear en su correo institucional. Se escucha el
sonido del teclado de Arancha y la cacofonía de los que están en la puerta.
Paco bloquea el aparato, sin dar tiempo
a Antonio a dejar las llaves en el cajetín las recoge y sale sin mediar
palabra.

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