CAPÍTULO IV
El camino hasta
Subió el coche hasta el aparcamiento de
Santa Tecla. Caminó un pequeño trecho y se encontró con el final del vía
crucis. Tenía que andar un poco más. La llovizna le incordiaba, los zapatos le
resbalaban. Llegó hasta el lugar donde se encontraba el coche de policía. El
juez había dado ya la orden de levantar el cadáver y lo había mandado al Anatómico forense de
Pontevedra.
-¿Qué tal, Paco?
No contestó.
Trataba de comprender la situación. Hacia las
8 de la mañana, un vecino que hacia footing, se había encontrado a una chica sentada
en la primera cruz del vía crucis. Tenía las manos atadas, por delante. Su
vestimenta parecía la de una peregrina
de las que hacen senderismo o una turista. A parte de las manos atadas no se
observaban ningún signo de violencia. Le había llamado mucho la atención la
cara, transformada en una mueca de terror, como si hubiese visto algo
indescriptible. El cuadro que se le presentaba era un tanto fantasmagórico, la neblina
difuminaba el camino de piedra enmarcado por la hierba húmeda. Las cruces de granito
iban señalando las estaciones del vía crucis hasta que se fundían con el
fenómeno meteorológico.
-¿Han encontrado alguna cosa extraña?
- Ayer hubo mucho tránsito por aquí.
Subieron dos autocares, bastantes turismos e incluso un grupo que iba de celebración.
Hemos encontrado latas, bolsas de patatas fritas, un pañal sucio, dos condones
usados, pero nada que parezca tener
relación con el cadáver.
- ¿El forense ha dicho cuanto tiempo llevaba
muerta?
- Paco, nosotros no somos el CSI. Pero no
debía llevar mucho porque aún no tenía el rigor mortis.
- Así que debió de morir como muy tarde a las
5 de la mañana. A esa hora alguien pudo ver algo.
- Estamos en ello, pero no todos hacen
puente. La gente tiene que ir a trabajar, y no suelen venir por aquí.
- ¿Llevaba documentación?
- No. Ni siquiera llevaba impermeable. Un
pantalón de caminar, unas buenas botas de gore tex, un chaleco de pescador, una
camisa y la cuerda de cáñamo que le ataba las manos.
- ¿Han denunciado alguna desaparición?
- No, no nos consta.
- ¿Podría haber venido en el Ferry?
- No tenemos nada sobre ella, únicamente que
parece haber sido juzgada y condenada.
- ¿Por qué dices eso?
- Estaba en la primera estación del vía
crucis, en la que Pilatos condena a Cristo a morir en la cruz. La posición de
sus manos es como la que aparece en muchas representaciones del vía crucis.
- ¿También en los medallones del Vicente
Mengual?
- No te puedo contestar. No me he fijado,
pero lo he dado por hecho, Voy a verlo.
-Déjelo. ¿No puede ser un robo normal y corriente?
- Podría, pero ¿para que tomarse la molestia
de dejarla sentada al pie de una cruz con las manos atadas?
- Una buena pregunta para la que no tengo
respuesta.
Una taza de café humeante. Por ahora no
podía hacer mucho más. Esperar que los de
Don Fermín parecía seguir sentado donde le
dejó, la noche anterior.
Es curioso que la persona a la que no te
apetece ver, es la que te encuentras a cada paso.
- Parece cansado.
- He madrugado mucho. Tuve que ir a
- ¿En
- Era un amigo que se encontraba
desorientado. ¿Puedes creerte que su hija de 16 años ha tomado la píldora del
día después? Es un hombre perdido entre castigar severamente a su hija o mandarla
a un psiquiatra para que le aconseje como reeducarla.
-¿Y?
- Sabe Dios que el mundo va derecho a la
perdición. Es horrible que se permita a las niñas decidir sobre la vida o la
muerte. Es un pecado que deshonra al género humano.
- Tan sólo ha sido un polvo sin protección.
Lo que debe hacer es recordarle a su hija que siempre debe usar el
preservativo.
- Es imposible que me diga eso en serio.
¿Cómo puede una criatura fornicar sin estar casada? ¿Cómo puede buscar el goce?
Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, por lo que debe respetar y guardar
su cuerpo para su único fin: la procreación. Deberían ser juzgadas con
severidad…
- Mire, hoy no es un buen día para juzgar a
nadie.

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