jueves, 22 de abril de 2021

"Lluvia ,agua, lluvia." Capítulo IV

Santa Tecla

Es curioso, cuando pienso que tú estás ahí, al otro lado y dedicas unos minutos a leer el capítulo de este cuento, me siento orgullosa.




CAPÍTULO IV

El camino hasta La Guardia fue rápido. La niebla coronaba el Monte de Santa Trega. Odiaba subir por aquella cuesta, odiaba no saber lo que todo el mundo creía que debía saber por ser paisano, odiaba no recordar porque a principio de siglo se montó aquel vía crucis. No sabía si tenía que ver con el regalo de un trocito de brazo de la Santa por parte de la diócesis de Tarragona o porque unos mozos se fueron a hacer penitencia para salir de una sequía. Era absurdo que en este momento le preocuparan estas cosas.

Subió el coche hasta el aparcamiento de Santa Tecla. Caminó un pequeño trecho y se encontró con el final del vía crucis. Tenía que andar un poco más. La llovizna le incordiaba, los zapatos le resbalaban. Llegó hasta el lugar donde se encontraba el coche de policía. El juez había dado ya la orden de levantar el cadáver y  lo había mandado al Anatómico forense de Pontevedra.

-¿Qué tal, Paco?

No contestó.

 Trataba de comprender la situación. Hacia las 8 de la mañana, un vecino que hacia footing, se había encontrado a una chica sentada en la primera cruz del vía crucis. Tenía las manos atadas, por delante. Su vestimenta parecía la de  una peregrina de las que hacen senderismo o una turista. A parte de las manos atadas no se observaban ningún signo de violencia. Le había llamado mucho la atención la cara, transformada en una mueca de terror, como si hubiese visto algo indescriptible. El cuadro que se le presentaba era un tanto fantasmagórico, la neblina difuminaba el camino de piedra enmarcado por la hierba húmeda. Las cruces de granito iban señalando las estaciones del vía crucis hasta que se fundían con el fenómeno meteorológico.

-¿Han encontrado alguna cosa extraña?

- Ayer hubo mucho tránsito por aquí. Subieron dos autocares, bastantes turismos e incluso un grupo que iba de celebración. Hemos encontrado latas, bolsas de patatas fritas, un pañal sucio, dos condones usados, pero nada que  parezca tener relación con el cadáver.

- ¿El forense ha dicho cuanto tiempo llevaba muerta?

- Paco, nosotros no somos el CSI. Pero no debía llevar mucho porque aún no tenía el rigor mortis.

- Así que debió de morir como muy tarde a las 5 de la mañana. A esa hora alguien pudo ver algo.

- Estamos en ello, pero no todos hacen puente. La gente tiene que ir a trabajar, y no suelen venir por aquí.

- ¿Llevaba documentación?

- No. Ni siquiera llevaba impermeable. Un pantalón de caminar, unas buenas botas de gore tex, un chaleco de pescador, una camisa y la cuerda de cáñamo que le ataba las manos.

- ¿Han denunciado alguna desaparición?

- No, no nos consta.

- ¿Podría haber venido en el Ferry?

- No tenemos nada sobre ella, únicamente que parece haber sido juzgada y condenada.

- ¿Por qué dices eso?

- Estaba en la primera estación del vía crucis, en la que Pilatos condena a Cristo a morir en la cruz. La posición de sus manos es como la que aparece en muchas representaciones del vía crucis.

- ¿También en los medallones del Vicente Mengual?

- No te puedo contestar. No me he fijado, pero lo he dado por hecho, Voy a verlo.

-Déjelo. ¿No puede ser un robo normal y corriente?

- Podría, pero ¿para que tomarse la molestia de dejarla sentada al pie de una cruz con las manos atadas?

- Una buena pregunta para la que no tengo respuesta.

 

Una taza de café humeante. Por ahora no podía hacer mucho más. Esperar que los de La Guardia le mandaran el reporte de las encuestas hechas por los números o que llegara el informe del forense. Acababa de percatarse que aún no había comido. Era una buena escusa para escaparse de la mirada inquisitorial de Arancha. No tenía ganas de hablar, ni siquiera de plantearse nada. Su cerebro no parecía dispuesto a computar estos datos tan diferentes, para los que no localizaba una proposición adecuada con la que poder argumentar el análisis. Necesitaba una ducha, ropa seca y un plato caliente. La idea de que la estación del vía crucis tuviera algo que ver, le parecía una bobada, estaba seguro que sería algo más pragmático, un atraco, un asesinato por celos.

Don Fermín parecía seguir sentado donde le dejó, la noche anterior.

Es curioso que la persona a la que no te apetece ver, es la que te encuentras a cada paso. 

- Parece cansado.

- He madrugado mucho. Tuve que ir a La Guardia para socorrer a un feligrés.

- ¿En La Guardia no hay curas?

- Era un amigo que se encontraba desorientado. ¿Puedes creerte que su hija de 16 años ha tomado la píldora del día después? Es un hombre perdido entre castigar severamente a su hija o mandarla a un psiquiatra para que le aconseje como reeducarla.

-¿Y?

- Sabe Dios que el mundo va derecho a la perdición. Es horrible que se permita a las niñas decidir sobre la vida o la muerte. Es un pecado que deshonra al género humano.

- Tan sólo ha sido un polvo sin protección. Lo que debe hacer es recordarle a su hija que siempre debe usar el preservativo.

- Es imposible que me diga eso en serio. ¿Cómo puede una criatura fornicar sin estar casada? ¿Cómo puede buscar el goce? Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, por lo que debe respetar y guardar su cuerpo para su único fin: la procreación. Deberían ser juzgadas con severidad…

- Mire, hoy no es un buen día para juzgar a nadie.


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