viernes, 23 de abril de 2021

"Lluvia, agua, lluvia." Capitulo V

23 de abril, Día del Libro. Es una celebración muy entrañable para mí. Durante más de 30 años pusimos  nuestra imaginación a prueba, en múltiples formas de celebrarlo en la escuela: Libro gigante, portadas gigantes en las ventanas, concursos de cuentos, cuentacuentos de los alumnos mayores para los pequeños, ferias del libro,...

Hoy no sabía si seguir con mi cuento, me da vergüenza que en el día de MAESTROS de la Literatura, siguiera publicando mi relato. Al final se impuso mi deseo de mantener vivo "Lluvia, agua, lluvia", mientras tú lo lees.

CAPÍTULO  V

Una noche cualquiera, caminaban, comentaban el concierto de Luz Casal. Sus manos se entrelazaban y aún tenían en su oído el gusanillo de la última canción.

Madrid parecía amontonar a la gente en la plaza Mayor, mientras Carretas estaba desierta.

Un muchacho con aire extranjero, recorría las mesas buscando la donación  de un cigarrillo, completando  la cajetilla vacía.

Una sombra acechaba a la pareja, que ajena al mundo  sólo veían el brillo de sus miradas.

Un odio bestial cruzó el espacio y sintieron que el aire se cargaba de energía negativa, un escalofrío recorrió la espalda femenina que se acurrucó, por un instante, entre los brazos de su hombre.

Un olor a dolor, un grito mudo despertó el instinto de conservación que les hizo detener el paso y mirar a diestra y siniestra.

No había nada, tan sólo las tinieblas que la farola no conseguía vencer.

Distraer la mente y se bloquea el peligro, ambos retomaron el tema de las canciones de Luz, la Luz rockera de los primeros tiempos, llena de fuerza y de decisión.

El 23 hizo su aparición, justo en el momento que el olor se convertía en una oleada nauseabunda de pánico.

La felicidad de los demás le quemaba el alma, si es que alguna vez tuvo psique, o lo que fuera, que diferenciara  a los animales y a este depredador racional.

Esta vez no ha podido cazar a esos estúpidos que presumían amor, pero el enojo que le corroe es tal que no puede parar. Un quejido gutural, un charco de sangre, un perro menos en la gran ciudad.

 

 

 

Sentado ante el televisor mira a su mujer que acaba de acomodarse en el sofá. El tiempo no le ha hecho justicia, está tan estropeada que cada vez  es más obvio  que  sólo existe un final. Está solo entre la  multitud, dos hijas, tan ejemplares, tan buenas estudiantes, tan completas.

No siente las caricias, es como un mordisco cuando nota que ella le pasa la mano por la nuca. Le asquea cuando observa como se le dulcifica la mirada buscando un poco de ternura. Le gustaría gritarle a la cara que por su culpa no puede tener a la que ama, a la que desea, con la que una vez consiguió alcanzar la gloria del orgasmo infinito, el placer del macho potente, del macho admirado. La que le hizo sentir como si la tierra se hubiese creado con el único fin de darle la ambrosía de su sexo. Únicamente una vez.Le dijo que no quería sentirse moralmente responsable de romper su familia.

Ella tiene la culpa de que no pueda sentirla entre sus brazos, que la mire y solo sus ojos la acaricien, que poco a poco, le haya dejado tras la mesa del despacho.

Es mejor no pensar, no sentir. El artículo de periódico terminaba con la frase “merece la pena seguir viviendo”, tal vez sí, tal vez no, pero ¿merece la pena seguir fingiendo? ¿De qué sirve una estética que no comprende? Está claro que los momentos  pasan muy deprisa. La vejez se va abriendo paso, las manchas en la piel, las arrugas en la cara y la erección que necesita un esfuerzo extra. Se observa unas gotas de sangre en la camisa.

-       ¿Dónde vas?

-       Estoy cansado, ya he visto esta película. Me voy a la cama a leer un poco.

 

Entra en el cuarto de baño, frota la camisa con agua fría, la arrebuja y la mete en la lavadora. Abre el libro y la recuerda, siente un estremecimiento especial en su entrepierna, se refugia en la última palabra, la dulzura de su perfume, revive cada instante, fotograma a fotograma para no perder lo que ya no recuperará jamás.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por dejar tu comentario.