viernes, 30 de abril de 2021

"Lluvia, agua, lluvia". Capítulo IX


No puedo dejar de comentar mi preocupación por el desarrollo de la pandemia, ya  lleva con nosotros más de un año. La solución dicen que está en la vacuna, pero la gestión de los  políticos no parece estar a la altura de las necesidades. 
Me conmueve en el alma, que La India, siendo uno de los mayores procuctores de vacunas, permitan que su población esté sufriendo este mal, sin apenas medios. Escuché en la radio que les faltaba oxigeno, respiradores, que se hacen piras funerarias enormes. ¿ Qué es lo que está impidiendo que este virus siga siendo el ganador de esta batalla?¿Dónde están  las acciones de los gobernantes?




Este capítulo cambia de ubicación, puede o no ser Madrid, así que lo acompaño con una foto de la fuente de Cibeles de mi ciudad.
Como el fin de semana pasado, me tengo que ausentar por causa  de esas labores domésticas, que no me gustan mucho, aunque son muy necesarias.

CAPÌTULO  IX

Le entrega los documentos para firmar, la mira, nota su aroma a perfume caro, ese que no se puede permitir. El se lo ha regalado porque le gusta infravalorarla.

Esta mañana no trae vaqueros. Lleva una falda corta, con unas medias color café. ¡Cómo realzan sus pantorrillas!

Acerca su nariz al pelo de la mujer y nota una excitación creciente.

-       ¿Por qué no me contestaste al email?

-       Ya sabes que no siempre puedo. Me debo a mi madre y a mi hijo. Me gustaría mucho volver atrás y suplicarte que te quedes conmigo, pero ya no puede ser.

-       Creo que no llegaré a entender tu confusión.

-       No es confusión. Es deseo de tener un hogar, una casa, unos hijos comunes. No haces más que presumir de tus hijas. Se me parte el alma porque no son mías.

-       Podrías ser su hermana, nunca su madre.

-       No te esfuerces, sé que ellas lo son todo. No te quedaste conmigo porque no podías consentir que desaparecieran de tu vida.

-       ¿Qué sujetador llevas?

-       Uno deportivo, los de encaje, los he regalado. Nunca más volveré a usarlos.

-       Te quedaba muy bien aquel tan fino el de gasa transparente, bordado con florecillas violetas.

-       ¿Vas a firmar los informes?

 

Saca un bolígrafo Crows, del bolsillo interno de la americana. Garabatea y le devuelve el papel, de tal manera que la obliga a pasar su cuerpo por encima del suyo.

-       Vuelve conmigo.

-       ¿Nos casamos?

-       Joder, no seas así. Sabes que mi hija pequeña está a punto de hacerme abuelo y no puedo dejar a mi familia.

-       Bien.

 

Desaparece del despacho llevándose la firma y un nuevo tiro en el alma.

No sabe por qué puede amar a ese hombre.  ¿Es por qué no quiere quedarse sola? Lo único cierto es lo que siente cuando él la mira, pero no quiere aguardarle en el dormitorio,  para luego esperar todo el fin de semana , mientras él ejerce de hijo, de marido , de padre y pronto de abuelo.

Es mentira, no lleva el sujetador deportivo, lleva el de encaje azul, aquel que se compró para su primera cita con él.  El día en el que se vieron en la cafetería del hotel, en la que sus miradas no dejaban de acariciar y el deseo explotó como una carga de dinamita sin control

Subieron a una de las habitaciones. No podrá olvidar nunca aquella vez. La primera que su cuerpo se había comportado salvaje, sin moral. Persiguiendo una porción de vida que desencadenó  un triple orgasmo y la necesidad de limpiar con su lengua el semen que corría por la polla bífida de su jefe.

Tiró los papeles sobre la mesa y una lágrima se escapó, traicionera. No era una puta pero él la hizo sentir así.




 

jueves, 29 de abril de 2021

"Lluvia ,agua, lluvia". Capítulo VIII

 

Hoy es un día muy especial para mi. Es el día que mi padre me felicitaba mi santo. Él decía que mi nombre se debía a Santa Catalina de Siena y no a la patrona de Jaén. Sólo se ha acordado una persona, la que lo es todo para mí.

Aquí te dejo el Capítulo VIII de " LLuvia, agua , lluvia."

CAPITULO VIII

Sentado en el salón de relax, donde se hacia la excepción a la ley del tabaco, del Parador del Tui. Había madrugado mucho, estaba cansado, pero aún quedaba la última conferencia. No podía concentrarse, aún la sensación de poder le corría por las venas. Es probable que la policía le pusiera impedimentos, pero no recordaba haber visto a nadie, y había tanta basura que era muy difícil que los de la científica pudieran encontrar algo. Una carcajada silenciosa le rasgó la cara. La policía era muy eficaz pero no era la de la televisión.

Abrió el portátil y repasó la presentación. Era un buen trabajo .No creía que nadie se sintiera defraudado. Empezaría con el mismo chiste de siempre: ¿Qué harían si mañana desapareciera el Mundo? Todos daban respuestas apocalípticas y se tronchaban de risa cuando contestaba que dejaría de comprarlo y compraría La Razón.

Un nuevo email para ella, palabras dulces de amor y de deseo. ¿Por qué decía esas cosas para luego ratificar que no es posible porque no puedo renunciar a mi vida?


Un coche de policía se paró ante la puerta del Parador. Un inspector con el abrigo mojado y expresión cansada se acercó a la recepción. Sabía que había una reunión de un partido político, a lo mejor entre tanta gente encontraría un camino a seguir. Desde la Central le había prometido mandarle refuerzos, e información sobre las personas encontradas. Aún no las había identificado. En el universo informatizado no había nadie que se escapara, alguien debería de echarles de menos.

¿Tendrá que ver su identidad para que se haya producido el asesinato? ¿Será que los eligieron al azar? ¿Será que uno es la víctima y los otros son daños colaterales?

Las entrevistas no revelan nada. Ve como algunos se ponen nerviosos ante su presencia, pero es normal, no suele inspirar confianza. Le ha impresionado el ponente. Hacía mucho tiempo que no veía a alguien tan seguro de si mismo, con tal capacidad que te hace sentir como si fueras un inepto.

Se va mañana, le gustaría poder hablar más con él, pero no tenía ninguna razón  para impedir que se fuera.

 

Arancha le revuelve el pelo y le consuela:

-       No te preocupes, a todos nos pasa alguna vez-.

No hay nada más estúpido que tener un gatillazo en la cama de la amante y además que te venga con comprensiones como si fuera tu esposa.

Tira la sábana hacia atrás, se levanta, busca el calzoncillo bajo la cama, y rebusca una colilla a medio apagar en el cenicero. Se había quedado sin tabaco, tan oportuno como siempre.

-       Tienes muchas cosas que pensar.

-       No te molestes, lo siento. No eres tú, simplemente mi cuerpo ha dejado la excitación entre los besos y la penetración.

-       Joder, no hace falta que seas tan gráfico. Estaba intentando que te fuera menos traumático.

-       ¿Por qué las mujeres pensáis que esto pueda ser un problema? No te lo creas, ni en broma. Me alivio e intento ser amable porque tú no has llegado. El sexo es lo más egoísta de todas las actividades humanas, pero todos queremos hacer creer o creernos que pensamos en el otro.

Arancha le tira la almohada, se levanta, se echa la sabana por encima y se va al cuarto de baño. El agua corre en el bidet, tapa unos pequeños sollozos. Se seca  los ojos, se da unos toques  de color rosa en los labios y ensaya una sonrisa.

-       ¿Un poco de café?

-       Será mejor que me vaya. Eres estupenda y no te mereces sufrirme.

 

Un ligero beso en los labios mientras se coloca el abrigo que siempre está húmedo.

 

Parece como si el asesino quisiera que nos centráramos en los vías crucis, pero ¿qué tiene que ver la muerte tan atroz con el sentido religioso? Me parece más que busca un escenario terrorífico que una razón al crimen. He sido un cretino con Arancha pero no puedo dejar de pensar en este asunto.

Los de la Guardia se piensan que por venir de la central de Madrid tengo una capacidad especial para resolver pero no puedo encontrar una relación, ni siquiera puedo ponerme en la piel del asesino y mucho menos hacerme a la idea de un perfil. ¿Por qué no me mandan ayuda? ¿La crisis? 

 

La conferencia fue todo un éxito. El policía parecía un tipo inteligente pero estaba dando palos de ciego. Estaba pletórico, su ego se le salía por los poros.

Su habitación estaba en el planta baja .Daba a un lindo jardín. Se puso la chupa,  salió con el portátil a la luz de la luna, saboreaba el cigarrillo, muy orgulloso de sí mismo. 

Cariño: no te he escrito este fin de semana .He tenido que reposar mis sentimientos y volver a la tierra. Sigo pensando en ti. Mi deseo es estar contigo. Sueño en beber ese jugo de tu sexo. Mojar tus braguitas de encaje. Sentir tus caricias, entrar dentro de ti, en lo más profundo .Me hubiera derramado dentro de tu manantial. Te has hecho la dueña de mis pensamientos.

(Cada día soy más cursi).

 

    Reescribe el email. Ella no le contesta nunca. Siempre le susurra discretamente que entre ellos solo queda una dulce resaca. La muy… ¡Cuándo se va a dar cuenta que no puede estar sin mi! ¡Cuándo dejará de mirarme y volverá a tocarme!

No me dice que no pero tampoco que sí. Si maniobro para acercarme, ella me escucha con expresión cariñosa pero no me deja aproximar mi mano a la suya.

 

El teléfono, “casa”, no contesta, se termina el cigarro y devuelve la llamada.

-       Estaba en el baño. No te preocupes. Regreso mañana.

Se tumba en la cama, nota el roce del vello púbico de la muchacha, húmedo de sangre , una sacudida nerviosa de su pierna, ese tic que le revela la necesidad de tocarse, mover su mano con fuerza, con ritmo, más rápido, más rápido, una décima de segundo, y las sábanas se cubren del líquido seminal, se da la vuelta. Se queda dormido.



miércoles, 28 de abril de 2021

"Lluvia, agua, lluvia". Capítulo vii bis


 Aquí te dejo el Capítulo VII bis de "Lluvia, agua, lluvia".

CAPÍTULO VII bis

La mochila pesaba demasiado, empapada  por la lluvia incansable. El chico no quería detenerse. Se había puesto como meta llegar hasta el Centro de Interpretación de la Naturaleza del monte Aloia. Su silueta se perfilaba en la incipiente niebla. Aceleró el paso. No parecía que hubiese nadie a la vista. Estaba cerrado. Se sentó en los escalones, sacó un bocadillo y recuperó fuerzas. Quería subir a la gran Cruz, e iba escaso de tiempo. De todas maneras su curiosidad le hizo desviarse por la senda botánica. La alfombra roja formada por las distintas hojas era como un gran charco de sangre que hubiesen dejado las yeguas preñadas por el viento y paridas en el colchón de aquel monte. Una sonrisa le cruzó la cara, escuchar leyendas de la gente ayudaba a la imaginación a dar cuerpo a lo que no estaba. Incluso le dio la impresión de ver un pequeño potro escondido tras el acebo. Al acercarse, la realidad se evidenció, tan sólo era un tronco. Una ráfaga de viento le levantó la capucha y sintió como si una extraña voz le exigiera que se fuera del lugar. Por un instante tuvo la tentación de correr, pero no podía ser tan tonto.

La niebla cubría el camino marcado por las cruces. Mucho más simples que las de Santa Tecla, pero impresionantes, carismáticas, religiosas, mágicas, como si estuviera en el plató del rodaje de una película de miedo, esperando que los vampiros asomaran o que una hermosa mujer, vestida de negro, aproximara sus labios fríos a los suyos. Casi se queda sin aliento al percibir una figura en la segunda cruz del camino. Sin duda se había dejado influir por el ambiente, allí no podía haber nada.

Se frotó los ojos y ahogó un quejido que pedía transformarse en grito. A la ladera del camino un muchacho parecía dormir, si no fuera porque su camisa estaba rasgada y coloreada con el color de la muerte. Apoyada en la segunda cruz, una joven, casi púber, parecía sostener la cruz, en un rictus doliente. La ropa estaba en el suelo, bien colocada. Un corte había seccionado sus pezones y un reguero de sangre manchaba la cara interna de sus piernas.

 

No se lo podía creer, en un mismo día, tres asesinatos. Es como si todos se hubiesen vueltos locos. Locos de sangre, locos de ira, como si un fuerte olor a miedo hubiese envuelto a los agentes. Arancha le miraba buscando consuelo en su experiencia. Paco Olmos no sabía que decir, ni siquiera se le hubiese planteado tener un caso así en un sitio como Tui. Tenía ganas de huir hacia delante y que otro intentará dar sentido a la situación. Aquella muchacha estaba masacrada, el tipo se había entretenido en hacerla daño con saña, ni siquiera a Sade se le hubiese ocurrido matar con tanto dolor. En esas series de la tele hubiesen realizado un perfil del criminal basado en un trauma infantil, pero él no tenía tiempo, tan sólo quería atrapar al cabrón y si le daba opción para meterle una bala entre ceja y ceja, no lo dudaría, un monstruo menos.

martes, 27 de abril de 2021

"Lluvia, agua, lluvia." Capítulo VII

Hay momentos en los que me desilusiono. Pienso que abuso de tu paciencia al pedirte que lo leas, pero  supongo que para eso son los amigos.

 

CAPITULO VII

Amanece un nuevo día, una caricia de la viuda de don Cosme le despierta. Está cansado, necesita dormir, pero tiene que acompañarla a misa.

Era tan emocionante cuando a escondidas le mandaba un sms, cuando cifraba los contenidos tratando de que nadie se diera cuenta que mientras jugaba al mus, ella le decía que se acariciaba pensando en él.

Estaba tan sola, tan lejos de su aliento, entendiendo  que cada fin de semana él disfrutara de su familia, de sus amigos, ¿se podía pedir más prueba de amor? Estaba convencido que ella comería de sus manos, si se lo propusiese, siempre la dejaba con su soledad y el se marchaba a casa, totalmente convencido de que era imprescindible para esa mujer Le  regalaba su atención, su masculinidad ¿qué más podía querer? Pero le dejó sin dejarle, le abandonó sin marcharse. El decidió mantener su rutina, su vida bien asentada, porque ella seguiría esperándole, pero se equivocó. Tuvo que darle rienda y soltar amarras, debía mostrarse generoso, pero, ¿por qué ella renunció a él? ¿Por qué no puede despertar  entre sus muslos?

 

Ahora, le llega  su imagen y la satisfacción de gobernarla, de someterla.  Sabía que si la llamaba,  correría a su encuentro aunque ahora no permitía que la tocase. Hablaban de enamoramiento, de sentimientos corporales, se cruzaban miradas pero no conseguía que le dejase descargar su deseo. Colocaba una pantalla de discreción, de puritanismo, de respeto a él, ¡valiente excusa! y lo aceptaba, pero lo hacía sabiendo que tenía el poder.  Era bueno sentirse tan adorado. No podía remediar oler su perfume, percibir sus ojos, enmarcados por las patas de gallo que le daban ese toque de madurez ingenua.

 

-       Enrique, la paz sea contigo.

-       La paz sea contigo, madre.

 

Aterrizar en el salmo: La mujer de Lot se volvió hacia Sodoma, transformándose en una estatua de sal.

Sodoma, que ciudad tan interesante, muchachos lascivos, prostitutas adoradoras de no sé que dios, al que consagraban sus orgías. Divina Sodoma, que tiempos maravillosos en los que el hombre respetaba lo “único” y no se escondían tras falsas hipocresías.

 

Mira a su alrededor, la mayoría son parejas cincuentonas, que han olvidado lo dulce que puede ser una bañera compartida, más que nada porque ya no caben en ella. Amnesia  porque  sueña con el imberbe amigo de su hijo o con la tía buena del bar de la esquina. O tal vez. Han dejado de soñar, como le había pasado a él hasta que la encontró.

Aún sin tenerla, sin acercarse a ella, le daba ese soplo de vida que le hacía sentir que a pesar de la edad, era joven. Era su dios. Construía escenas que nunca había vivido, inventaba historias en la que besaba los ojos aún dormidos,…

Allí estaba Maruja, la mujer de Ismael, seguía teniendo un buen polvo a pesar de sus cincuenta años. ¿Se dejaría seducir? ¿Se sentiría admirada, halagada, si lo intentaba? No parecía que Ismael se preocupara mucho, estaba junto a ella, pero su lenguaje corporal indicaba que hacía tiempo que cada uno seguía un camino distinto. Ella iba correctamente maquillada, muy arreglada, como correspondía a una fiesta de guardar, pero los botones de la camisa estaban excesivamente abiertos, dejando ver un generoso canalillo. La falda estaba recogida discretamente pero al sentarse permitía ver gran parte de sus muslos. Se debió dar cuenta que la observaba, porque cambió la posición de sus piernas, dejaron de esta cruzadas para abrirse levemente. Puede que también se sintiera poco deseada, y necesitara de lo que el podía ofrecerle.

Cruzaron la mirada en el momento que el sacerdote bendecía la hostia sagrada.

Se colocó detrás de ella en la cola de la comunión. Consiguió que hubiera un roce casual pero tan significativo, que sintió como reaccionaban sus gónadas y comprobó como Maruja dejaba acoplado su trasero mientras avanzaba. Le respiró en la nuca y comprobó como se le erizaba la piel del brazo.

Podría probar, pero estaba demasiado cerca de su territorio, lugar donde era mejor no cazar.

 

Aquella semana tenía que ir a una reunión a un pueblo de Pontevedra. No tenía muchas ganas pero la gente del partido le había concertado un curso de formación. Ser ponente tenía ciertas ventajas, siempre había alguna muchachita dispuesta a escuchar sus penas matrimoniales, y en ocasiones hasta conseguía algún consuelo, pero no le apetecía nada tener que ir hasta Tui. Si al menos le hubiesen mandado a un lugar más cálido, seguro que las feligresas irían bien abrigadas y escondidas bajo el paraguas.

La convención era en el Parador. Un sitio cómodo y agradable, con pinta de Pazo señorial, aunque recordaba que siempre le pareció demasiado artificial.


lunes, 26 de abril de 2021

"Lluvia, agua, lluvia."Capítulo VI

Parador de Tui

Hola, no te he avisado que me tomé el fin de semana de descanso. La fuerza de la costumbre de usar el fin de semana para limpiar, hacer la compra, planchar, en definitiva, "descansar".

Espero que tengas ganas de seguir con el relato.


CAPITULO VI

Encima de la papelería vive la viuda de don Cosme, tiene ya ochenta años, se vale muy bien, eso dicen sus vecinas. Su hijo viene casi todos los fines de semana de la capital. Muchas veces llega sin compañía, la familia se queda en Madrid. Ser hijo único tiene ese inconveniente hay que venir a cuidar de la vieja pero también es un buen pretexto para estar en comunión con sus pensamientos.

Es extraño sentir que el cuerpo no responde, cuando uno quiere, es como si estuviera el botón de inicio en off. El momento espectacular de la excitación, de la electricidad recorriéndote las entrañas  aparece cuando ellos gritan, lloran, y piden perdón por existir. Ella tiene la culpa.

La última tenía ese no sé qué, que despierta la persona conocida, llegó a confundirla con ella, un lanzazo de alegría sádica. Su larga melena con mechas discretas de peluquería, su cuerpo no demasiado delgado, no demasiado grueso, pero tampoco espectacular, de mujer madura que va entrando progresivamente en la vuelta sin retorno de la menopausia. La necesidad de sentirse joven y capaz de saltar las barreras que nunca antes su hubiera permitido. Se ha dado la autorización benévola del carpen die. Un divorcio, y un “la vida es corta, hay que vivirla”. Jugó con ella como el mejor de los galanes, reconociéndole que estaba casado pero que ella lo era todo para él. Incauta que consiguió obsesionarle.

No cabía en sí de gozo cuando le demostraba sus celos, cuando ella le decía que se marchaba de viaje con sus amigas. La presionaba, la ponía entre la espada y la pared. ¿Seguro que vas con tus amigas? ¿No irás con ese tipo, con el que fuiste a ver la exposición de Sorolla? Ante tal grado de presión ella terminaba justificándose ante él de algo imaginario. Lo que le permitía señalarle que “excusa no pedida, culpa manifiesta”. La hacía desconfiar de sí misma, la asustaba, hasta tal punto que ella trataba de calmarlo. Provocaba  escenas que nunca se le hubiese ocurrido que podría representar. Era increíble, nunca había sentidos orgasmos así.  Dominar, el temor a quedarse sola, mostrarle que la podía dejar, que no era tanto su atractivo y que si su ex, la había abandonado, a lo mejor era porque había perdido  la juventud. Era fácil hacerla creer que ya no la querría nadie. Encontrarle a él había sido la última oportunidad de su femineidad.

Recuerda la vez que la indujo a que le  penetrara analmente con los dedos. Reconoce que sintió el mayor placer del mundo, pero le daba verdadera aprensión, él no era ningún maricón, pero “esto lo hago por ti, para demostrarte lo mucho que te quiero”.

Lo que nunca pudo imaginar que acabaría necesitándola, que no volvería a estar cerca de ella pero tampoco lo suficientemente lejos como para olvidarla. Ella se convirtió en su reconstituyente, en su magia, pero también en lo inalcanzable porque no quieres alcanzarlo. En el fantasma que se fundía  en su esposa cuando realizaban el coito, el que cambiaba su cara por la de ella y el que le hacía masturbarse con nocturnidad y alevosía en el cuarto de baño de su casa, mientras un suspiro se escapaba del lecho matrimonial, fingiendo dormir y no queriendo saber.

 

La jodida vieja no termina de dormirse. Debe haberse hecho inmune al orfidal.  Quiero salir.

Cerro la puerta tras de sí, mientras el pantalón marcaba un pequeño rondel a la altura de la bragueta que se elevaba formando una seudo tienda de campaña, como le gustaba decir, con la prepotencia del macho alfa. No está mal, aún era un HOMBRE. Pensar en ella es un afrodisíaco, sentir la sangre caliente, un verdadero clímax.

Se dirigió  a la orilla del río. Se cruzó con una caminante, que se sumergió en el abrigo al pasar junto a él.

Recuerda sus labios equívocos, que permitían sin permitir y prohibían sin prohibir. Aquella sonrisa que le rejuvenecía el rostro, le provocaba.

Jugar con ella le había despertado el deseo de estar por encima de todo lo establecido, podía y lo haría.

En el pinar, antes de llegar al río, estaba aparcado un coche. Siguió las huellas hasta una embarcación atracada en la orilla, donde dos jóvenes recobraban el aliento después de un encuentro a la luz de la luna.

Con la velocidad de la luz, con un movimiento rápido rompió la traquea del muchacho. Ella muda, le miraba, trataba de gritar. La besó con tanta ira que sus dientes desgarraron el labio inferior. La abrazó con tanta fuerza que la caja torácica  crujió en una armonía de huesos rotos. La penetró con tanta rabia que erosionó su vagina. Poco a poco ella se fue resbalando y se quedó sentada en la embarcación. La vida se le escapaba y él no dejaba de acariciarse. Una explosión de placer, el semen demasiado líquido rebosaba el preservativo. Miró alrededor, encendió el mechero, no había dejado ningún rastro. Ni siquiera la saliva en los labios de ella podría ser recogida. Con calma y cautela la tomo en brazos y la lavó, concienzudamente, sin olvidarse ni siquiera por debajo de sus uñas. A veces, es instructiva la televisión.

El coche de la pareja no estaba lejos, así que fue a por él, los colocó en el asiento de atrás y empujo el vehículo hacia el agua.


viernes, 23 de abril de 2021

"Lluvia, agua, lluvia." Capitulo V

23 de abril, Día del Libro. Es una celebración muy entrañable para mí. Durante más de 30 años pusimos  nuestra imaginación a prueba, en múltiples formas de celebrarlo en la escuela: Libro gigante, portadas gigantes en las ventanas, concursos de cuentos, cuentacuentos de los alumnos mayores para los pequeños, ferias del libro,...

Hoy no sabía si seguir con mi cuento, me da vergüenza que en el día de MAESTROS de la Literatura, siguiera publicando mi relato. Al final se impuso mi deseo de mantener vivo "Lluvia, agua, lluvia", mientras tú lo lees.

CAPÍTULO  V

Una noche cualquiera, caminaban, comentaban el concierto de Luz Casal. Sus manos se entrelazaban y aún tenían en su oído el gusanillo de la última canción.

Madrid parecía amontonar a la gente en la plaza Mayor, mientras Carretas estaba desierta.

Un muchacho con aire extranjero, recorría las mesas buscando la donación  de un cigarrillo, completando  la cajetilla vacía.

Una sombra acechaba a la pareja, que ajena al mundo  sólo veían el brillo de sus miradas.

Un odio bestial cruzó el espacio y sintieron que el aire se cargaba de energía negativa, un escalofrío recorrió la espalda femenina que se acurrucó, por un instante, entre los brazos de su hombre.

Un olor a dolor, un grito mudo despertó el instinto de conservación que les hizo detener el paso y mirar a diestra y siniestra.

No había nada, tan sólo las tinieblas que la farola no conseguía vencer.

Distraer la mente y se bloquea el peligro, ambos retomaron el tema de las canciones de Luz, la Luz rockera de los primeros tiempos, llena de fuerza y de decisión.

El 23 hizo su aparición, justo en el momento que el olor se convertía en una oleada nauseabunda de pánico.

La felicidad de los demás le quemaba el alma, si es que alguna vez tuvo psique, o lo que fuera, que diferenciara  a los animales y a este depredador racional.

Esta vez no ha podido cazar a esos estúpidos que presumían amor, pero el enojo que le corroe es tal que no puede parar. Un quejido gutural, un charco de sangre, un perro menos en la gran ciudad.

 

 

 

Sentado ante el televisor mira a su mujer que acaba de acomodarse en el sofá. El tiempo no le ha hecho justicia, está tan estropeada que cada vez  es más obvio  que  sólo existe un final. Está solo entre la  multitud, dos hijas, tan ejemplares, tan buenas estudiantes, tan completas.

No siente las caricias, es como un mordisco cuando nota que ella le pasa la mano por la nuca. Le asquea cuando observa como se le dulcifica la mirada buscando un poco de ternura. Le gustaría gritarle a la cara que por su culpa no puede tener a la que ama, a la que desea, con la que una vez consiguió alcanzar la gloria del orgasmo infinito, el placer del macho potente, del macho admirado. La que le hizo sentir como si la tierra se hubiese creado con el único fin de darle la ambrosía de su sexo. Únicamente una vez.Le dijo que no quería sentirse moralmente responsable de romper su familia.

Ella tiene la culpa de que no pueda sentirla entre sus brazos, que la mire y solo sus ojos la acaricien, que poco a poco, le haya dejado tras la mesa del despacho.

Es mejor no pensar, no sentir. El artículo de periódico terminaba con la frase “merece la pena seguir viviendo”, tal vez sí, tal vez no, pero ¿merece la pena seguir fingiendo? ¿De qué sirve una estética que no comprende? Está claro que los momentos  pasan muy deprisa. La vejez se va abriendo paso, las manchas en la piel, las arrugas en la cara y la erección que necesita un esfuerzo extra. Se observa unas gotas de sangre en la camisa.

-       ¿Dónde vas?

-       Estoy cansado, ya he visto esta película. Me voy a la cama a leer un poco.

 

Entra en el cuarto de baño, frota la camisa con agua fría, la arrebuja y la mete en la lavadora. Abre el libro y la recuerda, siente un estremecimiento especial en su entrepierna, se refugia en la última palabra, la dulzura de su perfume, revive cada instante, fotograma a fotograma para no perder lo que ya no recuperará jamás.


jueves, 22 de abril de 2021

"Lluvia ,agua, lluvia." Capítulo IV

Santa Tecla

Es curioso, cuando pienso que tú estás ahí, al otro lado y dedicas unos minutos a leer el capítulo de este cuento, me siento orgullosa.




CAPÍTULO IV

El camino hasta La Guardia fue rápido. La niebla coronaba el Monte de Santa Trega. Odiaba subir por aquella cuesta, odiaba no saber lo que todo el mundo creía que debía saber por ser paisano, odiaba no recordar porque a principio de siglo se montó aquel vía crucis. No sabía si tenía que ver con el regalo de un trocito de brazo de la Santa por parte de la diócesis de Tarragona o porque unos mozos se fueron a hacer penitencia para salir de una sequía. Era absurdo que en este momento le preocuparan estas cosas.

Subió el coche hasta el aparcamiento de Santa Tecla. Caminó un pequeño trecho y se encontró con el final del vía crucis. Tenía que andar un poco más. La llovizna le incordiaba, los zapatos le resbalaban. Llegó hasta el lugar donde se encontraba el coche de policía. El juez había dado ya la orden de levantar el cadáver y  lo había mandado al Anatómico forense de Pontevedra.

-¿Qué tal, Paco?

No contestó.

 Trataba de comprender la situación. Hacia las 8 de la mañana, un vecino que hacia footing, se había encontrado a una chica sentada en la primera cruz del vía crucis. Tenía las manos atadas, por delante. Su vestimenta parecía la de  una peregrina de las que hacen senderismo o una turista. A parte de las manos atadas no se observaban ningún signo de violencia. Le había llamado mucho la atención la cara, transformada en una mueca de terror, como si hubiese visto algo indescriptible. El cuadro que se le presentaba era un tanto fantasmagórico, la neblina difuminaba el camino de piedra enmarcado por la hierba húmeda. Las cruces de granito iban señalando las estaciones del vía crucis hasta que se fundían con el fenómeno meteorológico.

-¿Han encontrado alguna cosa extraña?

- Ayer hubo mucho tránsito por aquí. Subieron dos autocares, bastantes turismos e incluso un grupo que iba de celebración. Hemos encontrado latas, bolsas de patatas fritas, un pañal sucio, dos condones usados, pero nada que  parezca tener relación con el cadáver.

- ¿El forense ha dicho cuanto tiempo llevaba muerta?

- Paco, nosotros no somos el CSI. Pero no debía llevar mucho porque aún no tenía el rigor mortis.

- Así que debió de morir como muy tarde a las 5 de la mañana. A esa hora alguien pudo ver algo.

- Estamos en ello, pero no todos hacen puente. La gente tiene que ir a trabajar, y no suelen venir por aquí.

- ¿Llevaba documentación?

- No. Ni siquiera llevaba impermeable. Un pantalón de caminar, unas buenas botas de gore tex, un chaleco de pescador, una camisa y la cuerda de cáñamo que le ataba las manos.

- ¿Han denunciado alguna desaparición?

- No, no nos consta.

- ¿Podría haber venido en el Ferry?

- No tenemos nada sobre ella, únicamente que parece haber sido juzgada y condenada.

- ¿Por qué dices eso?

- Estaba en la primera estación del vía crucis, en la que Pilatos condena a Cristo a morir en la cruz. La posición de sus manos es como la que aparece en muchas representaciones del vía crucis.

- ¿También en los medallones del Vicente Mengual?

- No te puedo contestar. No me he fijado, pero lo he dado por hecho, Voy a verlo.

-Déjelo. ¿No puede ser un robo normal y corriente?

- Podría, pero ¿para que tomarse la molestia de dejarla sentada al pie de una cruz con las manos atadas?

- Una buena pregunta para la que no tengo respuesta.

 

Una taza de café humeante. Por ahora no podía hacer mucho más. Esperar que los de La Guardia le mandaran el reporte de las encuestas hechas por los números o que llegara el informe del forense. Acababa de percatarse que aún no había comido. Era una buena escusa para escaparse de la mirada inquisitorial de Arancha. No tenía ganas de hablar, ni siquiera de plantearse nada. Su cerebro no parecía dispuesto a computar estos datos tan diferentes, para los que no localizaba una proposición adecuada con la que poder argumentar el análisis. Necesitaba una ducha, ropa seca y un plato caliente. La idea de que la estación del vía crucis tuviera algo que ver, le parecía una bobada, estaba seguro que sería algo más pragmático, un atraco, un asesinato por celos.

Don Fermín parecía seguir sentado donde le dejó, la noche anterior.

Es curioso que la persona a la que no te apetece ver, es la que te encuentras a cada paso. 

- Parece cansado.

- He madrugado mucho. Tuve que ir a La Guardia para socorrer a un feligrés.

- ¿En La Guardia no hay curas?

- Era un amigo que se encontraba desorientado. ¿Puedes creerte que su hija de 16 años ha tomado la píldora del día después? Es un hombre perdido entre castigar severamente a su hija o mandarla a un psiquiatra para que le aconseje como reeducarla.

-¿Y?

- Sabe Dios que el mundo va derecho a la perdición. Es horrible que se permita a las niñas decidir sobre la vida o la muerte. Es un pecado que deshonra al género humano.

- Tan sólo ha sido un polvo sin protección. Lo que debe hacer es recordarle a su hija que siempre debe usar el preservativo.

- Es imposible que me diga eso en serio. ¿Cómo puede una criatura fornicar sin estar casada? ¿Cómo puede buscar el goce? Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, por lo que debe respetar y guardar su cuerpo para su único fin: la procreación. Deberían ser juzgadas con severidad…

- Mire, hoy no es un buen día para juzgar a nadie.


miércoles, 21 de abril de 2021

"lluvia, agua, lluvia." Capítulo III

 
Ruta de los judíos. Tui

Me gusta creer que te está interesando. Quizá suene a ingenua pero me hace feliz, que quieras seguir mi cuento.

 ¡Vamos por el capítulo III !

CAPÍTULO III

Arancha está sentada ante el ordenador. Teclea con rapidez los informes atrasados de sus compañeros. Se le ilumina la cara cuando le ve entrar. Todo él es una arruga pero le gusta como mira, como esboza una sonrisa acampada tras el cigarrillo, ese que siempre lleva apagado desde que se prohibiera fumar. Se acerca a la cafetera, sirve un café muy cargado, le echa tres sobres de azúcar y se lo deja encima de la mesa, al lado de la pila de documentos. Un gruñido de agradecimiento.

-Hay una llamada de La Guardia. Dicen que necesitan nuestra colaboración.

- Pásaselo al jefe.

- Paco, Fernández está de puente y no vendrá hasta el jueves. No, no vendrá hasta el lunes, se ha pedido unos días de asuntos propios. Creo que se ha ido a Madeira con su nueva pareja.

-Seguro que le ha pillado la huelga de controladores y estará echando humo por las orejas.

- No creo, porque cogían el vuelo el domingo y ya se había solucionado.

¡Menudos huevos que tienen! Llevamos tres días en estado de alarma por la audacia de los controladores aéreos.

 Son unos desalmados, cobran un pastón y encima no nos dejan salir de vacaciones.

- Si tú no tienes vacaciones, ¡preciosa! Ellos se han limitado a defender sus derechos y el convenio que tenían. Los obreros somos la leche, nos enfadamos porque unos intentan mantener lo que tenían. Deberíamos aprender de ellos y que nuestros sindicatos lucharan porque todos tuviéramos sus condiciones, en lugar de envidiarles y criticarles.

- No entiendo de política, pero… ¿es mona la mujer de Fernández?

- Está buena, es un bombón. Se merece un premio, su ex le había dejado en la ruina.

- No empecemos, ella tuvo que criar a los tres niños, mientras él no aparecía por casa.

- Estaba trabajando.

- ¡ No me digas! Ahora resulta que sólo los tíos trabajáis.

- ¡Mira, para el carro, que ya estamos pisando arenas movedizas!

- ¿No me negarás que es más fácil quitarle los calzoncillos a un tío, que lavárselos?

- Arancha, no me toques los cojones…

- Vale, vale, ¿te pones para hablar con el inspector de La Guardia?

- Eres insufrible. Pásame la línea.

 

Se pega el auricular a la oreja como si de esa manera pudiera atrapar las palabras de su interlocutor. Le era muy difícil entender el gallego, pero se resistía a reconocerlo en público.

- O me hablas más despacio o lo haces en castellano.

Curioso. Increíble. Ese lugar es muy transitado, y más en estos días de puente.

¿Puedes mandarme toda la información por email? También las fotos. Cuando venga Antonio de  la ronda, cogeré la patrulla y me acercaré. Mi coche está aparcado en alguna calle de Madrid, o en algún desguace.

 

Le acerca el terminal a Arancha. Esta le mira, la curiosidad brilla en sus pupilas. Sabe que en breve se lo comentará pero ahora está almacenando la información en su cerebro, antes de contrastarla con el mensaje que le llegue por el correo electrónico y después lo verbalizará ante su público, ósea, ella.

Teclea la contraseña, espera, espera, espera… Tarda en cargarse el programa. Nunca le había importado esta lentitud, pero ahora… Aparece por fin, su escritorio, vuelve a teclear en su correo institucional. Se escucha el sonido del teclado de Arancha y la cacofonía de los que están en la puerta. Paco  bloquea el aparato, sin dar tiempo a Antonio a dejar las llaves en el cajetín las recoge y sale sin mediar palabra.